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josé maría andrés franco

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José María Franco, un pintor enamorado de Ayamonte

José María Andrés Franco Gutiérrez, conocido artísticamente como José María Franco, nació en Huelva el 4 de febrero de 1936 y falleció en Aracena el 26 de abril de 2016. Pintor, acuarelista, ilustrador y docente, está considerado una de las figuras destacadas de la pintura onubense de la segunda mitad del siglo XX.

Su vocación artística despertó durante la infancia. Era hijo de Domingo Franco Zorrero, miniaturista y pergaminista, y desde muy joven frecuentó el taller de la calle San Cristóbal de Huelva, donde trabajaban el pintor Pedro Gómez y el escultor Antonio León Ortega. Allí comenzó a familiarizarse con el dibujo, la pintura y el ambiente artístico de la época. En su formación también resultaron fundamentales el contacto con Daniel Vázquez Díaz y la influencia de Gustavo Bacarisas, maestros que contribuyeron a despertar en él una especial sensibilidad hacia el paisaje, la luz y el color.

En 1958 recibió la beca Daniel Vázquez Díaz, que le permitió trasladarse a Galaroza y adentrarse en los paisajes de la Sierra de Huelva. Aquella experiencia consolidó su interés por la naturaleza y por las variaciones de la luz, dos elementos que permanecerían presentes durante toda su trayectoria artística.

Su vida dio un giro cuando obtuvo una plaza como inspector de policía y fue destinado a las aduanas de Ayamonte. Aunque su paso por la profesión policial fue breve, su estancia en la ciudad fronteriza se convirtió en uno de los episodios más decisivos de su vida personal y artística. En Ayamonte descubrió una luz diferente, limpia y atlántica, que transformó su manera de entender el paisaje y le llevó a aclarar su paleta y a buscar una mayor pureza en el color.

Durante aquellos años entró en contacto con distintos representantes de la Escuela Ayamontina de Pintura, de quienes procuró aprender y con quienes compartió inquietudes artísticas. El paisaje de la desembocadura del Guadiana, las marismas, el río, la cercanía de Portugal y la luminosidad propia de Ayamonte dejaron una huella profunda en su obra. En esta etapa también realizó algunas aproximaciones al cubismo, influido especialmente por las enseñanzas de Daniel Vázquez Díaz.

Según recordó su hijo, el escultor Alberto Germán Franco, José María Franco consideraba que los años vividos en Ayamonte habían sido algunos de los mejores de su vida. La ciudad permaneció siempre en su memoria y se convirtió en una referencia constante dentro de su universo creativo. No fue solamente un lugar de residencia, sino un espacio de aprendizaje y transformación desde el que desarrolló buena parte de su sensibilidad hacia la luz y el color.

Tras su etapa ayamontina regresó a Huelva y comenzó una nueva trayectoria dedicada a la enseñanza artística. Su primer destino docente fue Cáceres. Posteriormente desarrolló su actividad en otros lugares, entre ellos Sevilla y Aracena, ciudad esta última en la que se jubiló y pasó los últimos años de su vida.

José María Franco fue un artista de gran dominio técnico. Trabajó el óleo, la acuarela, el dibujo, el grabado, el cartelismo, el pergamino, la ilustración y la pintura mural. Sobresalió especialmente como acuarelista y paisajista, aunque también realizó numerosos carteles, portadas, ilustraciones y trabajos relacionados con la literatura, la Semana Santa y la cultura de la provincia de Huelva.

Entre sus proyectos más reconocidos se encuentran Las fuentes de Sevilla, Sitios del agua y Certas coisas nos surpreendem. También realizó la pintura mural de la bóveda del Santuario de Nuestra Señora de la Cinta de Huelva. Sus obras forman parte de museos, instituciones y colecciones particulares españolas y extranjeras.

En 2012, el Museo Provincial de Huelva acogió la exposición antológica Las estaciones en la pintura de José María Franco. 1952-2012, que reunió alrededor de un centenar de obras representativas de sesenta años de trayectoria. Fue fundador de la Asociación de Acuarelistas de Andalucía, miembro de la Academia Iberoamericana de La Rábida y recibió, entre otras distinciones, la Medalla de Oro de la Universidad de Huelva.

José María Franco dejó un extenso legado artístico marcado por el amor al paisaje onubense y por una búsqueda constante de la luz. Dentro de ese recorrido, Ayamonte ocupa un lugar esencial: fue la ciudad que iluminó su paleta, enriqueció su concepto del color y fortaleció definitivamente su vocación paisajística. Su relación con la localidad quedó resumida en una idea expresada por su propia familia: José María Franco fue, ante todo, un pintor profundamente enamorado de Ayamonte.

GALERÍA FOTOGRÁFICA

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